viernes, 1 de mayo de 2015

¿Y qué pasó?, ¿Qué hay de nuevo?

      Explicó la ralentización, que no muerte, de esta bitácora. Corresponde la suspensión del latido a la vivencia de muerte y resurrección para el dinamizador de la bitácora: yo mismo.

      Me enamoré en 2014 y estuve enganchado por un tsunami emocional con efectos en mi economía, relaciones, atención personal, ocupación del tiempo. Conocí tormentas que oscurecieron la salud en mi familia. Y la muerte de mi padre. Fueron largos meses de tristeza, miedo, desesperación, confusión.

 

    En tiempos de pedir asistencia, la tuve de las amistades. De su mano recibí sanadora compañía, apoyo económico, cama y alimento. Ellas (y aquí incluyo a los hombres) me alimentaron con una presencia constante y afectuosa. Gracias por nutrirme.

    Comí también de mi propio cuerpo.  Perdí peso y sueño. Todavía no sé muy bien si he ganado algo. Sí me parece intuir que lo vivido trasciende el ring que entrega medallas a quien triunfa y saca a rastras a quien pierde. Respirar tranquilamente quiero ahora.

    El Drácula y el  Frankenstein sobre los que trabajé durante dos años y a quienes escenifiqué en Firgas (Gran Canaria) se hicieron carne y casi me desangran.                                                 

      Y todo tuvo que ver con la hombría, con los géneros, con la ausencia de trabajos de género con hombres, con la rotundidad de los análisis que los muestra desorientados y anhelantes.
                                                                
                 Soplando la umbría, encuentro aire y me pongo en camino.