domingo, 7 de febrero de 2010

VIOLENCIAS ENTRE HOMBRES: Propuesta de Análisis desde la Perspectiva de Género


Recuerdo el último tramo de 2008 como un tiempo nefasto en el que murieron tres hombres en Canarias a manos de otros hombres.
El 1 de diciembre de 2008 amanecía Tenerife conociendo que un joven de 30 años (Guillermo) perdía la vida siendo atropellado como consecuencia de una reyerta que había tenido lugar en San Andrés (Sta. Cruz de Tenerife). El 7 de diciembre del mismo año moría en Las Palmas de Gran Canaria el jovén Iván Robaina, cuando era brutalmente golpeado por unos jóvenes en una concurrida calle. Tendría que llegar el 25 de diciembre del mismo año para que Las Palmas de G.C. despertara con la noticia del asesinato en la calle del joven Octavio Santos, muerto por otro joven de 22 años.
Los medios de comunicación recogieron, entonces, los relatos de los sucesos, el dolor por las muertes, la puesta en marcha de la maquinaria judicial y algunos análisis donde se contemplaban elementos diversos y se proponían medidas de intervención. Aún me sorprende que quienes hacen uso de los medios de comunicación de manera habitual no sugirieran la conveniencia de tener en cuenta los componentes de género que podrían estar presentes en aquellas trágicas muertes. Para ser exacto, hay que reconocer que Francisco Pomares decía que: "Esa violencia muta a práctica cotidiana en la épica callejera de las bandas y sus juegos iniciáticos basados en la exaltación del machismo más salvaje, el desprecio al dolor ajeno, el consumo trivializado de todo tipo de tóxicos y la canalización del compromiso" ("¿Quiénes son los Responsables?, La Provincia, 27/12/08).
Admito que resulta en la actualidad "extraño" nombrar como violencia de género a la que ejercen unos hombres contra otros hombres o de uno hacia sí mismo, pero propongo arriesgarnos a reflexionar hasta qué punto están constituidas por la construcción de genero tradicional masculina.
Los hombres continuamos creciendo sin educación, estímulo, experiencia ni referencias que hagan posible identificar, de manera saludable, las emociones que sentimos. Tampoco sabemos qué hacer con ellas, de manera positiva. No se nos permite manifestar vulnerabilidad ni tristeza, pero sí se continúa entendiendo como "natural" que nos comportemos violentamente, expresando ira y rabia.
Estoy convencido que aportar análisis con perspectiva de género a hechos tan lamentables como las muertes y otro tipo de violencias protagonizadas por hombres, puede facilitarnos encontrar diferentes claves para entender por qué los hombres entran en violencias y qué caminos pueden abrirse para minimizar estos comportamientos.

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